De la ocupación a la preocupación

En una conversación reciente una joven colega me preguntaba si en los años que llevaba trabajando había notado algún cambio en los comportamientos de las familias con respecto a sus hijos.

Y aquí mi reflexión. 

Un catarro ha pasado de ser un contratiempo que se curaba en una semana  (o siete días como dice el dicho) a una preocupación: necesita cuatro visitas al médico.

Un niño que come poco ha pasado de ser un: “ya comerá cuando tenga hambre” a una preocupación: puede tener problemas alimentarios.

La corrección de un comportamiento inadecuado de un hijo ha pasado de una conversación más o menos “intensa” dentro de la familia a una preocupación: tenemos que llevarlo al psicólogo.

Cuando había problemas de aprendizaje se ponía (generalmente la madre) manos a la obra tarde tras tarde a reforzar los contenidos del colegio. Ahora, preocupados,  preguntan cuantas horas necesitará de profesor particular.

¿Hemos pasado de ocuparnos de disfrutar de la vida a procuparnos por vivir?

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